TOUR COLOMBIA DESDE LA EXPERIENCIA DE UN AFICIONADO

 “QUINCE SEGUNDOS DE GLORIA”

Por: Luis Alfonso Medina Hoyos

En la fría ciudad de Tunja ubicada a 2.810 metros más cerca de los astros luminosos que engalanan las noches de la capital Boyacense, se dieron cita 161 ciclistas, buscando brillar en esta tierra denominada la cuna de grandes escarabajos. Sin duda alguna el aficionado colombiano no podía faltar a este encuentro. Desde la ciudad de Bogotá junto a mis padres tomamos rumbo hacia la capital boyacense; ciudad que vio el inicio del Tour Colombia 2020 para enmarcar una semana llena de grandes emociones, anécdotas y recuerdos gratos del ciclismo mundial.

Aquel 11 de febrero después de 3 horas de viaje; superando los cierres viales y el multitudinario recibimiento de los boyacenses en las calles, nos ubicamos a tan solo cien metros de la línea de meta para observar la contrarreloj que dio apertura a la competencia. Fue el encuentro máximo con la felicidad y el fin de un año de espera para tener en primera fila a los más grandes corredores del pelotón nacional.

Durante 5 días estuvimos alojados en un hotel básico en el centro histórico de Paipa, sitio turístico del altiplano boyacense, además, epicentro de la máxima cita del ciclismo colombiano. Este municipio albergó cuatro de las seis salidas de etapa de la competencia; sin embargo, por la finalización de las mismas fue necesario el traslado en flota por varios pueblos aledaños como: Duitama, Sogamoso, Santa Rosa de Viterbo y Zipaquirá. Una vez dado el banderazo inicial en cada una de las etapas, iniciaba nuestra aventura; se convirtió en una lucha contra el reloj para llegar al sitio de meta mucho antes que los ciclistas. La emoción que producía ubicarse dos horas antes en la llegada y verlos tan solo quince segundos era tan alta que no importó el variado clima, la escasez de transporte y la poca oferta gastronómica existente en cada pueblo por el cierre de establecimientos comerciales en territorio boyacense por motivo de la carrera.

Después de recorrer territorio boyacense compitiendo contra el reloj y superando los diversos inconvenientes ya mencionados, llegamos a la sexta y última etapa de esta aventura, con paso por la capital colombiana, lugar en donde vivimos. Teniendo tan cerca a estos guerreros del pedal ver la finalización de esta competencia en el patio de nuestra casa era un sueño cumplido de varios años atrás, por lo cual, no podíamos faltar a esta cita.

El domingo 16 de febrero la alarma sonó a las 4:00 am, inició lo que se convertiría en la mejor etapa de ciclismo que ha vivido Bogotá. Desde el comando de policía en la capital colombiana estábamos a la espera de conseguir transporte hasta el Alto el Verjón sitio escogido por la organización para la finalización de la carrera. Luego de varios intentos, de buses llenos y de pasajes costosos ubicamos uno que transportaba únicamente turistas que se dirigían hacia el santuario de Guadalupe, lo que suponía una caminata en subida de más de 3 kilómetros hasta la línea de meta; sin pensarlo dos veces emprendimos rumbo hacia la cima bogotana, con el paso de los kilómetros hacia la cumbre, era cada vez más y más la cantidad de aficionados que como nosotros ascendía caminando o en bicicleta para tener un espacio privilegiado y observar a los escarabajos colombianos.

Finalmente logramos llegar, nos acomodamos en la línea de meta durante 5 horas con el frio del alto, pero el calor humano de miles de aficionados que llenaron los 11.5 kilómetros del último puerto de montaña, nos llenaron de motivación para seguir con esta aventura en la máxima competencia del calendario nacional. La gloria tan solo duró quince segundos; tiempo que demoró el encuentro visual con el paso de cada uno de los escarabajos que culminaron la cima, pero sin duda alguna serán para siempre los 15 segundos de mayor sensación de felicidad y emoción que puede vivir un aficionado de este bello deporte.

La espera de un año finalizó con cansancio, frio, hambre y las quemaduras leves por el sol, que se esfumaron con el dibujo de una gran sonrisa en el rostro de mis padres. Asistir a la máxima cita del ciclismo colombiano en compañía de quienes me dieron la vida siempre será mi más grato momento. La compañía de ellos, los héroes del deporte del pedal y una buena dosis de ciclismo es todo lo que necesitamos para vivir una semana llena de sensaciones inigualables, de manera que tendremos que esperar alrededor de 365 días para encontrarnos nuevamente con la prueba ciclística mas importante del territorio nacional.

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